domingo, 2 de octubre de 2016

Imágenes del descenso final de la nave Rosetta

Una nueva imagen del cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko fue tomada por la nave Rosetta de la ESA antes de su impacto controlado en la superficie del cometa el 30 de Septiembre. Confirmación del fin de la misión llegó al Centro de Operaciones Espaciales de ESA en Darmstadt, Alemania con la pérdida de la señal luego del impacto.

El descenso final le dio a Rosetta la oportunidad de estudiar el gas del cometa, el polvo y el plasma del ambiente muy cerca de su superficie, así como de tomar imágenes de alta resolución.

La imagen final fue tomada a una altitud de 66 pies (20 metros) de la superficie del cometa por la cámara OSIRIS de alta amplitud de la nave el 30 de Septiembre. El reporte inicial de 167 pies, o 51 metros, estuvo basado en el tiempo de impacto predicho. Ahora que el tiempo fue confirmado, y siguiendo información adicional y una reconstrucción de tiempo, la distancia estimada fue actualizada. El análisis continúa.

La escala de la imagen es de alrededor de dos décimas de pulgada (5 milímetros) por pixel. La imagen mide cerca de 9 pies (2.4 metros) de ancho.

La decisión de finalizar la misión en la superficies es resultado de Rosetta y la orientación del cometa fuera de la órbita de Júpiter nuevamente. Más allá del Sol de lo que Rosetta jamás viajó, podría haber un poco de energía para operar la nave. Operadores de misión se enfrentaban con un inminente período de largos meses cuando el Sol está cerca de la línea de visión entre la Tierra y Rosetta, significando que las comunicaciones con la nave hubiesen sido cada vez más difíciles.

La misión Rosetta de la Agencia Espacial Europea fue lanzada el 2004 y llegó al cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko el 6 de Agosto de 2014. Es la primera misión en la historia en reunirse con un cometa y escoltarlo mientras orbita el Sol. El 4 de Noviembre de 2014, una nave llamada Philae obtuvo sus primeras imágenes de la superficie del cometa y devolvió importantes datos científicos por varios días.

Las contribuciones de Estados Unidos a la nave Rosetta fueron el instrumento de microondas para el orbitador Rosetta (MIRO); el espectrógrafo Alice; el sensor de  iones y electrones (IES), parte de suite de consorcio de plasma de Rosetta; y el equipo electrónico para el espectrómetro de masa de doble foco (DFMS) para el espectrómetro del orbitador Rosetta para análisis neutral de iones (ROSINA). Estos son una parte del total de 11 instrumentos a bordo de Rosetta.

Los cometas son cápsulas del tiempo que contienen material primitivo que quedó de la época en que el Sol y sus planetas se formaron. Rosetta es la primera nave en observar de forma muy próxima cómo un cometa cambia mientras es sometido a la creciente radiación del Sol. Observaciones ayudarán a que los científicos puedan aprender más acerca del origen y evolución del Sistema Solar y el rol que los cometas puedan haber tenido en la formación de planetas.

Rosetta es una misión de la ESA con contribuciones de sus estados miembros y la NASA. La nave Philae de Rosetta es provisto por un consorcio dirigido por el Centro Aeroespacial Alemán, Colonia, El Max Planck Institute para Investigación del Sistema Solar, Gottingen; la Agencia Espacial Francesa, Paris; y la Agencia Espacial Italiana, Roma. El Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA (JPL), Pasadena, California, una división de Caltech, dirige la contribución de Estados Unidos de la misión Rosetta para el Directorio de Misiones Científicas de la NASA en Washington. JPL también construyó MIRO y alberga al principal investigador, Mark Hofstadter. El Instituto de Investigación del Suroeste (San Antonio y Boulder, Colorado, desarrollaron el orbitador de Rosetta IES y los instrumentos Alice, y alberga a sus investigadores principales, James Burch (IES) y Alan Stern (Alice).+

ALMA capta un “caparazón” estelar con una interesante química

Un equipo japonés de astrónomos, utilizando ALMA, ha descubierto una masa densa y caliente de moléculas complejas que envuelve, como si fuera un caparazón, a una estrella recién nacida. Este singular caparazón molecular caliente es el primero de su clase que ha sido detectado fuera de la galaxia Vía Láctea. Tiene una composición molecular muy diferente a la de otros objetos similares de nuestra propia galaxia, una interesante pista que puede indicarnos que la química que tiene lugar en el universo podría ser mucho más diversa de lo esperado.
Un equipo de investigadores japoneses ha utilizado el poder de ALMA (Atacama Large Millimeter/submillimeter Array) para observar una estrella masiva conocida como ST11 situada en nuestra vecina galaxia enana, la Gran Nube de Magallanes (LMC, de Large Magellanic Cloud). Se detectó la emisión de una serie de gases moleculares. Los datos indicaban que el equipo había descubierto una región concentrada de gases moleculares relativamente caliente y denso alrededor de la estrella recién encendida ST11. Esto evidenciaba que habían encontrado algo nunca antes visto fuera de la Vía Láctea: un núcleo molecular caliente (hot molecular core en inglés).
Takashi Shimonishi, un astrónomo en la Universidad de Tohoku (Japón) y autor principal del artículo científico, muestra su entusiasmo: "Es la primera detección de un núcleo molecular caliente extragaláctico y demuestra la gran capacidad de los telescopios de nueva generación para el estudio de los fenómenos astroquímicos más allá de la Vía Láctea".
Las observaciones de ALMA revelaron que este núcleo recién descubierto en LMC tiene una composición muy diferente a otros objetos similares encontrados en la Vía Láctea. Las firmas químicas más prominentes en el núcleo de LMC incluyen moléculas como dióxido de azufre, óxido nítrico y formaldehído — junto con el omnipresente polvo cósmico. Pero en el nuevo núcleo molecular caliente detectado tiene abundancias muy bajas de varios compuestos orgánicos, incluyendo metanol (la molécula más simple de alcohol). En cambio, los núcleos estudiados en la Vía Láctea, contienen una amplia variedad de moléculas orgánicas complejas, incluyendo el metanol y el etanol.
Takashi Shimonishi, explica: “Las observaciones sugieren que las composiciones moleculares de los materiales que forman estrellas y planetas son mucho más diversas de lo que esperábamos”.
La Gran Nube de Magallanes tiene una baja abundancia de elementos que no sean hidrógeno o helio. El equipo de investigación sugiere que este entorno galáctico tan diferente ha afectado al proceso de formación de las moléculas que tiene lugar alrededor de la estrella recién nacida ST11. Esto podría explicar las diferencias observadas en las composiciones químicas.
Aún no queda claro si las moléculas grandes y complejas detectadas en la Vía Láctea existen en núcleos moleculares calientes en otras galaxias. Las moléculas orgánicas complejas son de especial interés, ya que algunas están relacionadas con las moléculas prebióticas formadas en el espacio. Este objeto recién descubierto en una de nuestras vecinas galácticas más cercanas es excelente para ayudar a los astrónomos a abordar este tema. Además, se plantea otra pregunta: ¿cómo podría afectar la diversidad química de las galaxias en el desarrollo de vida extragaláctica?