16 de octubre de 2013
Dos equipos internacionales de astrónomos han
utilizado las capacidades de ALMA (Atacama Large Millimeter/submillimeter
Array) para estudiar en detalle los chorros que emiten los enormes agujeros
negros del centro de las galaxias y observar cómo afectan a su entorno. Han
logrado, por un lado, la mejor imagen obtenida hasta el momento del gas
molecular que rodea a un agujero negro cercano y poco activo y, por otro, han
captado un inesperado destello de la base de un potente chorro cercano a un
agujero negro distante.
En el centro de casi todas las galaxias del
universo hay agujeros negros supermasivos — con masas de más miles de millones
de veces la masa del Sol —, incluso en nuestra propia galaxia, la Vía Láctea.
En un pasado remoto, estos extraños objetos eran muy activos, engullendo
enormes cantidades de material de sus alrededores, resplandeciendo con un
brillo cegador y eyectando diminutas fracciones de esa materia a través de
chorros extremadamente potentes. En el universo actual, la mayor parte de los
agujeros negros supermasivos son mucho menos activos que en su juventud, pero
la interacción entre los chorros y su entorno aún sigue moldeando a las
galaxias.
Dos nuevos estudios publicados hoy en la revista Astronomy
& Astrophysics, han utilizado ALMA para sondear los chorros de los
agujeros negros a escalas muy diferentes: un agujero negro cercano y
relativamente tranquilo en la galaxia NGC 1433 y un objeto muy distante y
activo llamado PKS 1830-211.
"ALMA ha revelado la existencia de una
sorprendente estructura espiral en el gas molecular cercano al centro de NGC
1433," afirma Françoise Combes (Observatorio de París,
Francia), autora principal del primer artículo. "Esto explica cómo
fluye el material hacia el interior para alimentar al agujero negro. Con estas
nuevas y precisas observaciones de ALMA hemos descubierto un chorro de material
que fluye fuera del agujero negro, extendiéndose solo unos 150 años luz. Es el
chorro molecular de este tipo más pequeño observado hasta ahora en una galaxia
externa".
El descubrimiento de este chorro, que está siendo
arrastrado junto con el chorro desde el agujero negro central, muestra cómo
este tipo de chorros pueden frenar la formación estelar y regular el
crecimiento de los bulbos centrales de las galaxias [1].
En PKS 1830-211, Ivan Martí-Vidal (Universidad
Chalmers de Tecnología, Observatorio Espacial de Onsala, Onsala, Suecia) y su
equipo también han observado y agujero negro supermasivo con un chorro, pero
este es mucho más brillante y activo y se encuentra en el Universo temprano [2]. Esto resulta inusual ya que su brillante luz, en
su camino hacia la Tierra, topa con una galaxia masiva, dividiéndose en dos
imágenes debido a la lente gravitatoria [3].
De vez en cuando, de repente los agujeros negros
supermasivos engullen una gran cantidad de masa [4],
lo que aumenta la potencia de los chorros y provoca que la radiación aumente a
las energías más altas. Ahora, ALMA ha captado, por casualidad, uno de estos
eventos en PKS 1830-211.
"Observar con ALMA este caso de
“indigestión” de un agujero negro ha sido totalmente casual. Estábamos
observando PKS 1830-211 con otros fines y entonces detectamos sutiles cambios
de color e intensidad en las lentes gravitatorias. Tras estudiar con detalle
este comportamiento inesperado llegamos a la conclusión de que estábamos
observando, por un golpe de suerte, en el momento adecuado, justo cuando nueva
materia fresca entraba en la base del chorro del agujero negro", afirma Sebastien Muller, uno de los coautores del segundo
artículo.
El equipo también quiso saber si este violento
evento fue captado por otros telescopios y se sorprendieron al detectar una
clara señal en rayos gamma gracias a las observaciones de monitorización
del satélite Fermi-LAT. El proceso que causó el
aumento de radiación en longitudes de onda largas, captadas por ALMA, fue
también el responsable del gran aumento de brillo en el chorro, alcanzando las
energías más altas que pueden obtenerse en el Universo [5].
"Es la primera vez que se establece una
conexión tan evidente entre los rayos gamma y las ondas de radio
submilimétricas partiendo de la observación del chorro de un agujero
negro", añade Sebastien Muller.
Las dos nuevas observaciones son solo el inicio de
las investigaciones de ALMA en torno a los trabajos relacionados con los
chorros de agujeros negros supermasivos, tanto cercanos como distantes. El
equipo de Combes ya está estudiando otras galaxias activas cercanas con ALMA, y
se espera que el singular objeto PKS 1830-211 sea el centro de muchas otras
investigaciones futuras con ALMA y otros telescopios.
"Aún queda mucho por conocer acerca de cómo
los agujeros negros pueden crear esos enormes y energéticos chorros de materia
y radiación", concluye Ivan Martí-Vidal. “Pero los nuevos
resultados, obtenidos incluso antes de que se completara la construcción de
ALMA, muestran que es una potente herramienta, única para sondear estos chorros
— ¡y los descubrimientos no han hecho más que empezar!".
Notas
[1] Este procesos, denominado retroalimentación (feedback en inglés),
puede explicar la misteriosa relación entre la masa de un agujero negro en el
centro de una galaxia y la masa del bulbo que lo rodea. El agujero negro acreta
gas y crece de forma más activa, pero entonces produce chorros que limpian de
gas las regiones circundantes y frenan la formación estelar, parándola.
[2] PKS 1830-211 tiene un desplazamiento al rojo de 2.5, lo cual significa
que su luz ha tenido que viajar unos 11 billones de años antes de llegar hasta
nosotros. La luz que vemos fue emitida cuando el Universo tenía tan solo un 20%
de su edad actual. Haciendo una comparación, la luz de NGC 1433 solo tarda unos
30 millones de años en alcanzar la Tierra, un tiempo muy corto en términos
galácticos.
[3] La teoría de la Relatividad General de Einstein predice que los rayos de
luz se desviarán al pasar cerca de un objeto masivo como una galaxia. Este
efecto se denomina lente gravitatoria y, desde su primera confirmación en 1979,
se han descubierto numerosos efectos de lente gravitatoria. La lente puede
crear múltiples imágenes además de distorsionar y aumentar las fuentes de luz
del fondo.
[4] El material que cae podría ser una estrella o una nube molecular. Este
tipo de evento, con una nube cayendo, ya ha sido observado en el centro de la
Vía Láctea (eso1151, eso1332).
[5] Esta energía se emite como rayos gamma, la longitud de onda más corta y
la energía más potente en forma de radiación electromagnética.

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